De la indignación al asombro: Por qué la ‘Cumbres borrascosas’ de Emerald Fennell es cine de autor incomprendido 

Cuando salieron los primeros adelantos, fui la primera en arquear la ceja: un tráiler que parecía mezclar 'Los Bridgerton' con 'Cincuenta Sombras de Grey', un casting polémico y falta de rigor histórico en lo visual. Pero tras ver la película completa, toca abrir el debate: ¿estamos juzgando la 'Cumbres borrascosas' de Emerald Fennell con la vara de medir equivocada?

Cuando se publicaron las primeras imágenes y el tráiler de la nueva adaptación de Cumbres borrascosas (dirigida por Emerald Fennell), las redes sociales ardieron de inmediato. Y tengo que ser totalmente honesta: yo fui una de las primeras personas en poner el grito en el cielo.

La indignación general parecía más que justificada:

  1. El casting: ¿Margot Robbie interpretando a una jovencísima Cathy? ¿Jacob Elordi encarnando a un Heathcliff que en el texto original es descrito explícitamente como un hombre de tez oscura (dark-skinned), desatando un debate feroz sobre el blanqueamiento del personaje?
  2. El tono de la promoción: El tráiler vendía la película como «la mayor historia de amor jamás contada», cuando cualquiera que haya leído el clásico de Emily Brontë sabe que no es un romance edulcorado, sino una pesadilla gótica visceral sobre la toxicidad, la obsesión y la venganza más destructiva.
  3. La estética: La mezcla de vestuario anacrónico y erotismo provocador desprendía un peligroso tufo a «Cincuenta sombras de Los Bridgerton».

Todo apuntaba a un descarrilamiento comercial que traicionaba la esencia del mayor clásico de la literatura gótica inglesa.

Sin embargo, tras ver la película completa en pantalla grande, salí del cine con una sensación clara: nos equivocamos al juzgarla.

La traición al libro como forma de arte

No nos engañemos: la película de Emerald Fennell no es una adaptación fiel ni tiene el más mínimo interés en la exactitud histórica. Pero es que jamás pretendió serlo.

Estamos ante una pieza de puro cine de autor, un delirio visual y una reinterpretación completamente subjetiva. Juzgar esta película buscando la fidelidad de una página de Wikipedia es como criticar el Drácula de Francis Ford Coppola (o el de Luc Besson) por inventarse el romance de la reencarnación de Elisabeta en Mina, o reprocharle a Stanley Kubrick que destrozara la novela de Stephen King para crear esa obra maestra sensorial llamada El resplandor.

De hecho, me ocurre algo parecido (salvando las distancias) con el Frankenstein de Guillermo del Toro. Es una de mis películas favoritas de las que vi el año pasado: me pareció una preciosidad absoluta, puro arte, la amo con locura. Pero seamos sinceros: fiel al libro de Mary Shelley como tal, no es. Sí, captura de forma magistral esa esencia de la criatura incomprendida y el dolor del rechazo, pero Del Toro lo interpreta a su manera, introduciendo una subtrama romántica que jamás existió en la novela original, redenciones y sanación, y elementos que son pura cosecha del director. ¿La hace eso peor película? Al contrario: la convierte en una obra cumbre con voz propia.

Tanto Del Toro como Fennell sacrifican la literalidad del texto decimonónico para amplificar la potencia del lenguaje puramente cinematográfico, plástico y metafórico. ¿Por qué solo ella es señalada por ello?

Anacronismo estético: De David Lynch a Tim Burton

Muchas de las críticas más feroces hacia Cumbres borrascosas se han centrado en los vestidos modernos y las licencias estilísticas. Pero esto no es un error de producción: es una decisión narrativa consciente.

La película juega en la misma liga visual que la María Antonieta de Sofia Coppola: utiliza sensibilidades contemporáneas para acortar la distancia emocional con el espectador del siglo XXI. El resultado no es un fidedigno drama de época, sino una reinterpretación de atmósfera envolvente que bebe tanto de la fantasía gótica y retorcida de Tim Burton como del surrealismo onírico e hipnótico de David Lynch.

Tiene una escala y una ambición dramática desmedida (que por momentos evoca el aliento trágico de clásicos monumentales como Lo que el viento se llevó), pero filtrada a través de una lente afilada, moderna y sin tapujos.

Y sí, hay erotismo explícito, pero no como un truco barato, sino como la expresión física de una obsesión que devora a los personajes.

¿Fidelidad arqueológica o visión de autor arriesgada?

Como adaptación literal del libro de Emily Brontë, es una propuesta que incomodará a los puristas. Pero como experiencia cinematográfica, es arrolladora, visualmente bellísima y posee una identidad propia que se agradece en un Hollywood repleto de productos clónicos.

Mi tributo sonoro: Versionando a la gran Kate Bush

La intensidad enfermiza de Heathcliff y Catherine, los páramos azotados por el viento y el dolor de esos amantes malditos no solo han inspirado al cine: en 1978, una jovencísima Kate Bush compuso esa obra de arte absoluta llamada Wuthering Heights, capturando como nadie el lamento espectral de Cathy suplicando entrar por la ventana.

Una canción que, años más tarde, Angra trasladaría al power metal con la increíble voz de Andre Matos.

Como apasionada tanto de la novela de Emily Brontë como de la genialidad de Kate Bush, yo también quise rendir mi propio homenaje a esta historia con una versión más oscura para rendir tributo a una de las canciones más teatrales y mágicas de la música alternativa.

Y tú, ¿de qué lado estás?

¿Prefieres adaptaciones cinematográficas que respeten el libro palabra por palabra con precisión arqueológica, o celebras que los directores de autor asuman riesgos salvajes para crear obras con voz propia?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio